Multitud de deberes en la cuarentena
¡Hola lectores!
Nos encontramos a mitad de camino de esta pandemia y todavía nos seguimos preguntando cómo podemos gestionar los enfados y frustraciones de nuestro día a día, sobretodo, los generados por la multitud de deberes y tareas que los más pequeños de la casa tienen que realizar.
Muchas preguntas circulan por las casas como:
¿Cuándo volveré a ver a mis amigos?
¿Para qué hacer deberes si no hay colegio?
¿Si no tengo examen por qué voy a estudiar?
A todo esto, hay que sumar el estrés que muchos papás y mamás tienen por querer ayudar a sus hijos/as a realizar las tareas, pero no tener el tiempo necesario para ello por su por trabajo, o no disponer de las herramientas necesarias para hacer efectivo ese trabajo virtual, como ordenador, tablets, etc.
¿QUÉ PODEMOS HACER PARA MOTIVARLOS Y GESTIONAR LOS ENFADOS CON LOS DEBERES, EN CUARENTENA?

Debemos tener en cuenta diferentes aspectos como:
→ Los niños necesitan seguir avanzando y tener una rutina, pero ¡ojo!, eso no significa
que esta deba seguirse a “rajatabla”, porque recuerda que estamos en una situación que está en continuo cambio, a la cual se le suma muchas horas en casa y una incertidumbre relacionada con una situación nueva (una pandemia, ahí es ná).
Por ello recuerda, rutina y organización en casa sí, pero contemplando la FLEXIBILIDAD y atendiendo y escuchando sus diferentes EMOCIONES.
→ Proponer objetivos a corto plazo, para que así los niños/as puedan observar unos resultados útiles e inmediatos para ellos, aumentando así su motivación. Si proponemos unos objetivos a largo plazo y una rutina rígida, posiblemente nos estanquemos y nos frustremos con más facilidad.

Algo muy positivo y beneficioso para los niños que ha aflorado en tiempos de cuarentena han sido los famosos RETOS. Propón a tus hijos realizar algún reto o tarea que les haga sentirse partícipes y útiles. Déjales participar, explorar y curiosear.
→ Escuchar la necesidad del niño; debajo de cada frustración o enfado hay una necesidad que está pidiendo a gritos ser escuchada y entendida, por lo que demos espacio y cabida a esa emoción y aprendamos a gestionarla.
Decirle a un niño “tranquilízate” o “no te preocupes” no le ayuda; escúchalo y pregúntate ¿por qué SÍ tiene sentido que se sienta así?
Ante una situación estresante no acudáis a la frase de “no, porque lo digo yo y punto”, sino intentad plantear preguntas para llegar a un acuerdo como:
¿qué necesitas tú ahora? Yo necesito que… ¿y tú? Y lo más importante… ¿cómo podemos llegar a un acuerdo?
→ Intentad estructurar un ambiente tranquilo donde el niño/a pueda concentrarse y trabajar solo.
Estoy segura de que los niños/as pueden encontrar un rincón donde puedan sentirse libres y tranquilos para trabajar, sin sentirse juzgados ni valorar su resultado con palabras como bien o mal.
Es evidente que los niños necesitan seguir avanzando y trabajando sus habilidades, pero… ¿significa eso meterles contenido “a la fuerza” con una cuchara sopera?
Debemos plantearnos trabajar las herramientas para la vida, como el diálogo, el respeto hacia uno mismo y los demás, la empatía… “Se trata de plantar la semillita, después comenzará a florecer.”
Quizás ahora sea más útil aprender a hacer una tarta con papá, aprendiendo los diferentes pasos que ello conlleva como calcular, medir, cuidar, escuchar… más que realizar cinco fichas.

Todo es necesario, sí, pero en su justa medida.
Esperanza Oñate Talaya Psicóloga y psicopedagoga
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